En un entorno global volátil y con una recuperación económica en marcha, seleccionar entre deuda pública y deuda corporativa se ha convertido en una decisión crucial. Cada opción ofrece un perfil de riesgo distinto, así como oportunidades de rentabilidad y liquidez que pueden adaptarse a diferentes estrategias de inversión.
España, al alcanzar un récord de 1,691 billones de euros en deuda pública en junio de 2025, presenta un escenario único. La pregunta clave es: ¿conviene más respaldarse en la solidez del Estado o asumir un mayor riesgo para lograr mayores beneficios?
Para fundamentar cualquier decisión, es esencial comprender qué distingue cada tipo de instrumento:
La deuda pública se considera tradicionalmente un refugio seguro, mientras que la corporativa puede aportar rendimientos superiores a cambio de asumir un mayor grado de incertidumbre.
La dinámica de la deuda estatal española presenta un doble rasgo: crecimiento en términos absolutos y mejora relativa frente al PIB. En junio de 2025, la ratio deuda/PIB descendió al 103,4%, casi dos puntos menos que un año antes, gracias al estímulo del crecimiento nominal.
Además, el programa de financiación estatal prevé emitir 278.448 millones de euros brutos en 2025, un 7,4% más que el año anterior. De ellos, 55.000 millones corresponderán a bonos a medio y largo plazo, y 5.000 millones a letras del Tesoro, manteniendo una ratio de emisiones al PIB moderada del 17%.
El buen ritmo de crecimiento del PIB español amortigua el incremento absoluto de la deuda, lo que reduce el riesgo percibido por los inversores. La ratio emisiones/PIB está en mínimos históricos, y la vida media de la cartera ha aumentado, lo que limita la presión de refinanciación.
Factores clave que fortalecen la demanda de deuda pública:
Con una deuda pública en torno al 102%-103% del PIB, España se alinea con economías avanzadas como Francia y Estados Unidos, aunque se sitúa por debajo de Japón, Grecia e Italia. Esta posición le otorga margen fiscal, pero al mismo tiempo exige prudencia ante posibles cambios en el entorno europeo.
Antes de decidir, conviene responder a las dudas más comunes:
Para diseñar una cartera equilibrada, conviene evaluar:
Se espera un crecimiento continuo tanto de la deuda pública como de la corporativa en España y la eurozona. Aunque la ratio deuda/PIB continúe descendiendo ligeramente, el volumen absoluto de deuda seguirá siendo un factor determinante de la política económica y de los límites fiscales.
El desafío radica en mantener la sostenibilidad financiera sin renunciar a inversiones productivas que impulsen el crecimiento. La llegada de nuevos fondos europeos y la estabilidad macroeconómica pueden favorecer un entorno más benigno, pero la prudencia sigue siendo imprescindible para no comprometer la credibilidad del Estado.
La elección entre deuda pública y deuda corporativa no es dicotómica, sino complementaria. Integrar ambos tipos de activos en una cartera diversificada permite aprovechar la estabilidad del mercado público y el potencial de rendimiento de la corporativa. El éxito dependerá de ajustar el mix a tu perfil inversor, tus objetivos y tu tolerancia al riesgo.
En definitiva, comprender las características, cifras y tendencias actuales es el primer paso para tomar decisiones informadas y aprovechar las oportunidades que ofrece el mercado español en 2025.
Referencias