En un mundo en constante cambio económico y social, comprender cómo transmitir recursos y conocimiento financiero es esencial para garantizar un legado duradero.
La riqueza generacional va más allá de la simple herencia monetaria. Incluye activos tangibles como bienes raíces y negocios familiares, pero también elementos intangibles: educación, valores y estrategias financieras.
Transmitir activos tangibles e intangibles implica formar una base sólida para que las siguientes generaciones no solo reciban recursos, sino que sepan administrarlos y multiplicarlos.
En las próximas dos décadas, se proyecta una transferencia histórica de entre 83 y 124 billones de dólares a nivel global. Solo en Estados Unidos, los baby boomers pasarán aproximadamente 79 billones de USD, con Gen X y millennials recibiendo a su vez 39 y 45.6 billones respectivamente hasta 2048.
En Europa, se estima el movimiento de 3.5 billones de euros en cinco años, mientras que en el Reino Unido serán 5.5 billones de libras. En contraste, América Latina enfrentó una caída del 2.6% en la riqueza en 2024 y una reducción del 8.5% en la población de altos patrimonios.
Más del 61% de la riqueza en EE. UU. está en manos de mayores de 65 años, y el 44% de la riqueza total pertenece al 2% más rico de la población. Estas cifras reflejan una concentración que demanda planificación y educación para un reparto equitativo.
Millennials y Gen Z buscan inversiones digitales, empresas privadas y proyectos con impacto social. La sostenibilidad (ESG) se ha convertido en un factor decisivo, así como la diversificación global a través de plataformas auto-dirigidas.
Se proyecta que las mujeres recibirán entre 40 y 47 billones de USD en las próximas décadas, convirtiéndose en protagonistas del mercado financiero.
Construir un legado financiero duradero requiere un enfoque multidimensional que combine paciencia, disciplina y visión de futuro. Una mentalidad de largo plazo es la base para evitar decisiones impulsivas que pongan en riesgo el patrimonio.
Aunque las oportunidades sean enormes, algunos riesgos pueden comprometer el legado familiar. Conocerlos y prepararse es esencial:
Para quienes están dando los primeros pasos, establecer un fondo de emergencia y aprender sobre presupuestos es fundamental. A medida que crece el patrimonio, conviene explorar vehículos como fideicomisos y seguros, adaptados a la complejidad familiar y fiscal.
Las familias con negocios deben definir un plan sucesorio que combine formación de los herederos en gestión empresarial y la contratación de asesores externos para asegurar la continuidad.
Por último, documentar decisiones y actualizar regularmente la estructura patrimonial permite ajustar estrategias ante cambios en la legislación fiscal o escenarios económicos.
Más allá de los números, la transmisión de valores como la responsabilidad, la solidaridad y la visión de servicio crea un sentido de propósito que trasciende generaciones. Educar sobre la importancia de reinvertir en la comunidad y de contribuir a causas sociales fortalece el impacto de la riqueza.
Inculcar una actitud emprendedora y colaborativa ayuda a que los herederos no vean la fortuna recibida como un ingreso pasivo, sino como un compromiso con un legado vivo.
La riqueza generacional no es un privilegio reservado a unos pocos: es el resultado de intención, conocimiento y acción coordinados en el tiempo. Al combinar activos financieros con educación y valores sólidos, cualquier familia puede construir un legado que trascienda generaciones.
Comienza hoy a planificar con visión de largo plazo, comparte aprendizajes y establece un plan patrimonial que proteja y multiplique tus recursos. Al hacerlo, no solo asegurarás un futuro próspero para tus descendientes, sino que contribuirás al bienestar colectivo.
Referencias