En 2025, las tarjetas de crédito han trascendido de simples instrumentos de compra a aliados cotidianes para millones de personas. Sin embargo, esta popularidad también esconde un lado oscuro que puede transformar una herramienta útil en una trampa financiera.
La persistente inflación global ha encarecido desde los alimentos hasta los servicios médicos, impulsando a los consumidores a recurrir al crédito como solución inmediata ante emergencias. En Colombia, la tasa de usura alcanzó un 25,17 % efectivo anual en agosto de 2025, mientras que en Estados Unidos las tarjetas superan el 24 % promedio anual.
Este contexto ha provocado que el saldo total en tarjetas de crédito en EE.UU. ascienda a 1,21 billones de dólares, con el 32 % de consumidores agotando el límite de sus plásticos y el 37 % usándolos para llegar a fin de mes.
Lejos de demonizar las tarjetas de crédito, es esencial reconocer sus ventajas cuando se usan con inteligencia y disciplina.
Quienes pagan el total de la deuda mes a mes pueden aprovechar estas ventajas sin incurrir en costos adicionales.
No obstante, las tarjetas pueden convertirse en un lastre cuando sus altas tasas e intereses compuestos se salen de control.
Cuando el 44 % de los consumidores admite que la inflación les obliga a mantener saldos más altos, el riesgo de sobreendeudamiento se vuelve tangible.
Las generaciones Millennials y Gen X muestran mayores índices de agotamiento de crédito (42 % y 39 % respectivamente) en comparación con Gen Z o Baby Boomers.
Globalmente, las transacciones electrónicas crecerán un 82 % entre 2020 y 2025, y las tarjetas de crédito representarán el 20 % de los pagos en e-commerce para 2024. A la par, algunas propuestas regulatorias en EE.UU. buscan limitar las tasas al 10 % para aliviar la carga de los deudores.
Más de la mitad de los deudores nunca ha explorado alternativas como asesoría o planes de manejo de deuda. Formarse en finanzas personales es crucial para evitar trampas, comprendiendo:
Además, la inclusión financiera digital abre nuevas oportunidades para monitorear gastos y programar alertas automáticas, facilitando el control del gasto.
Para convertir tu tarjeta en una aliada y no en un enemigo, considera estos pasos:
La tarjeta de crédito no es inherentemente buena ni mala. Su impacto depende de tu nivel de conocimiento, disciplina y estrategia financiera. Si pagas a tiempo y evitas financiar gastos innecesarios, será un aliado poderoso para gestionar emergencias y construir tu historial crediticio.
Pero si cedes a la comodidad de los pagos mínimos y no te informas sobre sus condiciones, podría convertirse en un enemigo silencioso, generando estrés y deudas difíciles de saldar.
En última instancia, la clave está en educarte, planificar y actuar con responsabilidad. Así, tus tarjetas de crédito serán herramientas de crecimiento y no trampas de endeudamiento.
Referencias